David Alonso llegó a Buriram con la serenidad de quien ha sobrevivido ya a todas las expectativas y, sin embargo, sigue corriendo como si cada vuelta fuera la primera. Segundo año en Moto2, el mismo brillo de niño que arrasó en Moto3 y una idea fija tatuada en la mente: 2026 no es un experimento, es el año en el que quiere ser campeón.
El fin de semana en Tailandia fue un cóctel explosivo de calor, tensión y velocidad extrema; asfalto por encima de los 50 grados, goma pegada a cada ápice del trazado y una parrilla que olía a inicio de guerra larga. Alonso, con su Moto2 del Aspar CFTeamAspar, perfectamente afinada, fue tejiendo su confianza desde los entrenamientos: frenadas tardías en la curva 3, el cuerpo colgando al milímetro en los cambios de dirección y esa manera suya de abrir gas sin dudar, como si el neumático trasero nunca fuera a protestar.
David Alonso en carrera, instalado en el grupo delantero, no se escondió; atacó donde pocos se atreven, en la secuencia enlazada que no perdona errores, frenando un metro más tarde, inclinando un grado más y confiando ciegamente en el agarre, en su instinto y en el trabajo del equipo. Y fue precisamente allí, en esa sección que exige precisión de cirujano, donde el destino decidió torcer el guión: un problema en la moto de Senna Agius, una diferencia brutal de velocidad, un toque inevitable y un highside que lo lanzó al cielo tailandés antes de estrellarlo contra la realidad.

El golpe fue seco, brutal, de los que enmudecen un circuito entero; la moto destrozada, Alonso tendido en la grava, el eco metálico de las piezas aún rebotando en las defensas mientras los comisarios corrían y la bandera roja estallaba en la recta como un grito de auxilio. Durante unos segundos, Buriram dejó de ser un escenario de espectáculo para convertirse en un lugar suspendido en el miedo, con mecánicos paralizados frente a los monitores y un box entero conteniendo la respiración
La noticia de que estaba consciente, sin fracturas, llegó como una ola de alivio que recorrió el paddock de carpa en carpa. Con el brazo adolorido y el cuerpo magullado, Alonso se marchó del circuito sin puntos, pero con algo mucho más profundo grabado en la piel: la certeza de que esta categoría puede golpearte tan duro como tus propios sueños… y aun así tienes que volver a subirte a la moto.
En Tailandia, David no ganó una carrera ni celebró un podio; ganó algo distinto, menos visible pero más decisivo: la confirmación de que su ambición no se rompe con las caídas. Cuando el semáforo se apague en la próxima cita, volverá a inclinar, a frenar tarde, a jugar en el filo exacto donde se decide la gloria, porque ese es el único idioma que conoce un piloto que ya ha decidido quién quiere ser en este mundo: el campeón que se levanta incluso cuando el cuerpo le grita que se quede en el suelo
A continuación os dejo la opinión de David Alfonso.
“Estoy bien y afortunadamente no tengo nada roto. Me he asustado mucho porque ha sido una caída muy fuerte. He sentido el golpe y cuando estaba en la grava no me podía mover. Tenía una sensación como que no tenía el control. Estoy bastante adolorido por todo el cuerpo, especialmente el pie izquierdo, la pierna derecha y el hombro derecho, pero estoy bien. Ahora quiero descansar y recuperarme”.
Nos vemos en el próximo GP de Brasil.
Texto. Chus Catalán.










