No era su pista. No era su día. Y por eso vale más.
MotorLand Aragón nunca había sido territorio David Alonso. El colombiano llegaba a Alcañiz con la etiqueta de rookie en Moto2, con una Kalex que aún está aprendiendo a domar y con dos ceros en las últimas tres carreras. El sábado se clasificó séptimo. Silencio en el box del Aspar.
El domingo, disparo.
Salió como siempre sale él: sin calcular. Primera vuelta, de séptimo a cuarto por fuera en la curva 5. Segunda vuelta, hachazo a Vietti en la frenada de la 12. Se puso tercero y ahí empezó otra carrera.
Delante tenía a Alonso López y a Izan Guevara, dos pilotos que en Alcañiz ruedan de memoria. Le sacaron 1.2 segundos en tres vueltas. Todo parecía escrito para un podio 100% español.

Pero Alonso no gestionó. Atacó.
A falta de 6 vueltas, empezó a recortar a ritmo de medio segundo por vuelta. Sin control de tracción extra, sin guardar neumático. A lo Alonso. Rodando en 1:51.9 cuando los de delante ya iban en 1:52.4.
Guevara lo vio venir por la pizarra. Intentó responder y se fue largo en la curva 2. Alonso lo aprovechó y se puso segundo durante 400 metros. Guevara se la devolvió en la 15 con un interior sucio.
Al final, tercero. Su segundo podio en Moto2 a 0.312 del ganador.
*¿Por qué importa este podio?*
Porque no fue de posición. Fue de actitud. Alonso llegó a Aragón dudado y sale con la confirmación que necesitaba Aspar: no necesita una moto perfecta para estar delante, necesita que le dejen disparar.
En Moto2 no se gana siendo el más fino. Se gana siendo el que se atreve a frenar 10 metros más tarde con 140 kilos. Eso hizo el 80 en la última vuelta de Alcañiz. Y en el parque cerrado, Martínez lo abrazó como hacía tiempo que no abrazaba a un piloto.
«Hoy he vuelto a ser yo», dijo.
Y se notó.
Reportaje b& Chus Catalán
Galería de fotos David alonso






















